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Destinos Truncados - Стругацкие Аркадий и Борис - Страница 73
Seguramente toda la ciudad se habia concentrado en aquel lugar. Alli no llovia y parecia que la ciudad habia huido a aquel sitio para salvarse del diluvio. A la izquierda y a la derecha de la carretera, a lo largo de un seto de plantas espinosas, solo se veia una enorme multitud que crecia continuamente, en la que desaparecian, dispersos, vehiculos vacios de todo tipo: lujosas limusinas de grandes dimensiones o utilitarios ajados con techos de lona, camiones, autocares e, incluso, una grua, en cuya aguja habia varias personas sentadas. La multitud emitia un zumbido ominoso, a veces se oian gritos agudos.
Todos saltaron del camion, y Viktor perdio de vista a Diana y a Teddy, en torno suyo vio solamente rostros desconocidos, lugubres, encallecidos, perplejos, llorosos, gritones, con ojos en blanco por los desmayos, enfurecidos... Viktor intento acercarse a la entrada, pero quedo atascado a los pocos metros. La gente formaba una muralla compacta, nadie queria ceder su lugar, daba lo mismo empujarlos, patearlos, golpearlos, ni siquiera se volvian, simplemente metian la cabeza entre los hombros y todos intentaban avanzar, acercarse cada vez mas al porton, mas cerca de sus hijos; se ponian de puntillas, estiraban el cuello, pero tras aquella masa oscilante de capuchones y sombreros no se divisaba nada.
—?Por que, Dios? ?Que pecado hemos cometido?
—?Canallas! Debimos matarlos hace tiempo. Los mas listos lo decian...
—?Y donde esta el burgomaestre? ?A que se dedica? ?Donde esta la policia? ?Donde se ha metido ese panzon?
—Sim, me van a aplastar... ?Sim, me asfixio! Oh, Sim...
—?Que mas querian? ?Que les hemos negado? Nos quitabamos la comida de la boca, andabamos descalzos para que ellos vistieran bien...
—Si todos empujamos a la vez, el porton se va al demonio...
—Pero si nunca le puse ni un dedo encima. He visto como vosotros azotabais a vuestros ninos, pero en nuestra casa nunca ocurrio nada asi...
—?Has visto las ametralladoras? ?Que, van a dispararle al pueblo? ?Por venir a buscar a sus hijos?
—?Munichek! ?Munichek! ?Mi Munichek! ?Munichek!
—?Que es esto, caballeros? ?Es una locura total! ?Donde se ha visto algo semejante?
—No importa, los legionarios les daran una leccion... Vienen por la retaguardia, ?entiendes? Van a abrir el porton, nosotros les ayudaremos...
—?Has visto las ametralladoras? ?Quien sabe que...?
—?Dejadme pasar! ?Os digo que me dejeis pasar! ?Tengo una hija ahi dentro!
—Llevan tiempo preparandose, yo lo veia pero me daba miedo preguntar.
—?Y por que tiene que pasar algo? ?Acaso son fieras? No son un ejercito de ocupacion, no se los han llevado para fusilarlos ni al crematorio...
—Les clavaria los dientes hasta hacerles sangre...
—Se ve que nos hemos vuelto pura mierda, hasta nuestros hijos huyen de nosotros y se van con esos infectos... Ellos mismos se han marchado, nadie se los ha llevado a la fuerza...
—Eh, ?quien tiene una escopeta? ?Que vengan! ?Los que tienen escopeta, que vengan, aqui, eh!
—?Son mis hijos, Dios mio, yo los he parido, solo yo puedo hacer con ellos lo que quiera!
—Pero ?donde esta la policia?
—?Hay que mandarle un telegrama al senor Presidente! Cinco mil firmas, vera que es algo serio...
—?Han aplastado a una mujer! Apartate, miserable, ?no lo ves?
—?Munichek! ?Munichek mio!
—?Esas peticiones no sirven para nada! A nadie le gustan. Te las tiran a la cara...
—?Abrid el porton, desgraciados! ?Mohosos de mierda! ?Asquerosos!
—?El porton!
Viktor retrocedio. Era dificil, lo golpearon en varias ocasiones, pero logro salir y llegar hasta el camion. Se subio a la trasera. Habia niebla sobre la leproseria y a diez pasos del seto, al otro lado, no se veia nada. El porton estaba bien cerrado, delante habia un espacio vacio y en ese espacio, con los pies bien separados, habia unos diez soldados de las tropas interiores, con cascos que les cubrian la frente, apuntando sus fusiles hacia la multitud. En la entrada de la cabina de guardia, un oficial gritaba algo a la multitud poniendose de puntillas, pero no se le oia. Sobre el techo de la caseta, como una enorme estanteria, se alzaba hacia la niebla una torre de madera coronada por una plataforma en la que se veia una ametralladora y gente de uniforme gris. Mas alla, tras el alambre espino, desfilaba a lo largo de la cerca un blindado con orugas, cuyo sonido metalico era apenas audible. Paso, salto varias veces sobre los terrones y desaparecio en la niebla. Al ver el blindado, la multitud callo y se escucharon entonces los gritos del oficial.
—Tranquilidad... Tenemos la orden... A sus casas...
A continuacion, la gente comenzo de nuevo a hacer ruido, a quejarse, a zumbar.
Hubo un movimiento delante del porton. Entre los impermeables y capas oscuras, azules, grises, se distinguio el brillo tristemente conocido de los cascos de cobre y las camisas doradas. Aparecieron en la multitud como manchas de luz, alcanzaron el espacio vacio y alli se unieron todos, formando un grupo dorado. Jovenes corpulentos, con camisas doradas hasta la rodilla, cenidas con cinturones de oficiales del ejercito, de pesadas hebillas, con brillantes cascos de cobre, a causa de lo cual llamaban bomberos a los legionarios, con garrotes gruesos y cortos, cada uno de ellos mostraba el emblema de la Legion, en la hebilla, en la manga izquierda, sobre el pecho, en el garrote, en el casco, en el rostro, no quedaba lugar donde poner otro emblema, en el careto musculoso y deportivo, de ojos lobunos... Ademas tenian insignias, una constelacion de insignias, insignias de Tirador Excelente, de Paracaidista Excelente, de Submarinista Excelente, ademas de insignias con el retrato del senor Presidente, de su yerno, fundador de la Legion, de su hijo, jefe supremo de la Legion... y cada uno llevaba en el bolsillo una granada de gases lacrimogenos, y bastaria con que uno de aquellos gamberros, en un ataque de entusiasmo guerrero, lanzara una granada para que dispararan las ametralladoras del blindado, la ametralladora de la torre, los fusiles automaticos de los soldados, todos contra la multitud y no contra las camisas doradas. Los legionarios formaron una fila frente a los soldados, y entonces, delante de la fila, aparecio corriendo Flamin Yuventa, el sobrino, moviendo su garrote, y Viktor comenzo a mirar con desesperacion hacia todas partes, sin saber que hacer, pero en ese momento le llevaron al oficial un megafono de la cabina, el oficial se alegro visiblemente, incluso sonrio.
—?Atencion! —empezo a decir con voz tenante—. ?Atencion! Ruego a los aqui congregados...
A continuacion, el megafono dejo de funcionar, el oficial palidecio y soplo el microfono, y Flamin Yuventa, que se disponia a escuchar, se puso a correr, mas agitado que antes, y a sacudir en el aire su garrote. De repente, el zumbido de la multitud se hizo amenazador, al parecer habian comenzado a gritar los que antes callaban, o sencillamente se ponian de acuerdo, lloraban o rezaban, y Viktor grito tambien, transido de horror por la idea de lo que iba a ocurrir alli en ese momento.
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